Una turba formada por jóvenes de la etnia dinka atacaron por sorpresa durante el jueves santo al destacamento de la ONU y acribillaron a los refugiados, mayoritariamente de etnia nuer. Tras la matanza, militares ugandeses que forman parte del destacamento fueron desplegados para proteger la base.
El ataque armado contra la base de la ONU situada en la zona de Bor, en Sudán del Sur, dejó al menos 20 muertos y 70 heridos entre los civiles que permanecen refugiados en el recinto, como confirmó la embajadora de Estados Unidos ante el organismo internacional, Samantha Power.
Naciones Unidas había informado previamente que la acción contra las instalaciones había dejado dos cascos azules y decenas de civiles heridos entre las 5.000 personas que se refugian en el lugar. Power condenó con firmeza lo que consideró como un "descarado e inhumano ataque contra civiles desarmados. Se trata de un insulto a la comunidad internacional y una violación de los principios fundamentales sobre la protección de civiles", afirmó.
Estados Unidos "cooperará con sus socios para establecer responsabilidades" y llevar a los culpables ante la justicia, agregó Power. Sudán del Sur vive graves enfrentamientos armados entre dos facciones cuyas rivalidades se nutren de las diferencias étnicas en ese joven país, independizado del Norte árabe en 2011. Uno de los grupos respalda al ex vicepresidente Riek Machar, un nuer, quien fue expulsado del poder por el jefe de Estado, Salva Kiir, de etnia dinka.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tildó de "inaceptable" este ataque registrado en Bor y aseguró que supone "una escalada muy seria" en el conflicto. Recordó también que las acciones de este tipo son "crímenes de guerra".
Sudán del Sur es una de las naciones más pobres del continente, pese a que posee gran riqueza petrolera que no es ajena a las motivaciones del conflicto interno. También sufre las consecuencias de la prolongada y sangrienta guerra civil contra el gobierno de Jartum que precedió a la autonomía.




