Según el Cigna International Health Study, el 55% de la población española identifica el estrés como la principal causa de interrupción del sueño, especialmente en mujeres (53%) y personas entre 45 y 59 años (55%)
Otras noticias:
Según el Cigna International Health Study, el 55% de la población española identifica el estrés como la principal causa de interrupción del sueño, especialmente en mujeres (53%) y personas entre 45 y 59 años (55%)
Según el Cigna International Health Study, el 55% de la población española identifica el estrés como la principal causa de interrupción del sueño, especialmente en mujeres (53%) y personas entre 45 y 59 años (55%)
El estrés y las altas temperaturas pueden alterar significativamente la calidad del sueño, un factor esencial para el correcto funcionamiento físico y mental. Esta alteración del sueño favorece un estado de fatiga acumulada que, si se prolonga, puede derivar en consecuencias tanto cognitivas como emocionales.
La falta de sueño es un problema latente en la sociedad actual, tanto por su frecuencia como por sus consecuencias sobre la salud. Según la Sociedad Española de Sueño (SES), alrededor del 30 % de la población se despierta cada día con la sensación de no haber descansado adecuadamente. Esta situación compromete el bienestar diario y aumenta el riesgo de desarrollar trastornos físicos y mentales. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda dormir entre 7 y 9 horas por noche para mantener un equilibrio físico, emocional y cognitivo. Dormir menos de seis horas de forma habitual se asocia con una peor calidad de vida y un mayor riesgo de deterioro cognitivo a largo plazo. Entre los factores que más dificultan el descanso adecuado, destacan el estrés y las condiciones ambientales adversas, como el calor extremo.
Por una parte, las altas temperaturas ambientales se asocian con reducciones considerables en la duración y la calidad del sueño, incluyendo casi la duplicación de la prevalencia del sueño corto (menor de 6 horas). Esto ocurre debido a que la temperatura corporal baja entre un 0.5 y 1ºC de forma fisiológica durante el sueño. En ambientes cálidos, la producción de calor puede superar la pérdida más allá de los niveles tolerables. En esta situación, el cuerpo debe poner en marcha mecanismos compensadores para conseguir esa reducción de la temperatura corporal, lo cual no le permite relajarse de forma adecuada y altera el ciclo natural de sueño-vigilia con un aumento de la vigilia.
Por otra parte, el estrés no solo aumenta el tiempo de latencia del sueño, es decir, dificulta su conciliación, sino que contribuye a fragmentarlo, generando una sensación de agotamiento persistente. El estrés activa el sistema de alerta del organismo, elevando los niveles de cortisol y adrenalina, lo que interfiere en la conciliación del sueño y provoca despertares nocturnos. De hecho, según datos del Cigna International Health Study, un 55 % de la población española identifica el estrés como la principal causa de interrupción del sueño, especialmente entre mujeres (53 %) y personas de entre 45 y 59 años (55 %).
Ambos factores, si se mantienen en el tiempo, no solo reducen la calidad del sueño, sino que impactan directamente en la función cognitiva: afectan la memoria, la atención y la regulación emocional, dificultando el rendimiento diario y aumentando el riesgo de problemas de salud mental.
Para la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España, “dormir es un proceso fisiológico esencial para la recuperación y el equilibrio del organismo. El estrés provoca una activación continua del sistema nervioso autónomo y un aumento en la producción de hormonas como el cortisol, lo que altera tanto el inicio como la continuidad del descanso. Esta hiperactivación impide que el cerebro alcance tanto las fases profundas del sueño, así como la fase REM, ambas necesarias para una restauración óptima, afectando con el tiempo el rendimiento cognitivo y el bienestar emocional. Por ello, mantener una buena higiene del sueño debe considerarse una prioridad en la salud integral, al igual que la alimentación y la actividad física”.
Por lo tanto, no conseguir un descanso reparador afecta al funcionamiento del cerebro y al bienestar emocional y estas son las cinco consecuencias más frecuentes, según los expertos de Cigna Healthcare:
Otras noticias: