Una de las investigaciones presentadas en las XXXVII Jornadas Científicas de la Fundación COI encuentra relaciones entre los síntomas que los pacientes comunican antes de acudir a consulta y los resultados de determinadas pruebas optométricas. La herramienta estudiada ayuda a los profesionales a orientar las exploraciones visuales.
Dolores de cabeza, visión borrosa, cansancio ocular o dificultades para mantener la atención durante la lectura. Son molestias relativamente habituales que muchas personas experimentan sin saber que, en determinados casos, pueden no estar relacionadas únicamente con la graduación del ojo, sino con habilidades relacionadas con la eficacia visual como: la coordinación entre ambos ojos, sistema de enfoque, movimientos oculares etc.
Pero ¿Qué ocurriría si parte de esa información pudiera recogerse y organizarse antes de acudir a una consulta?
Esta es una de las cuestiones abordadas en una investigación presentada en las XXXVII Jornadas Científicas de la Fundación COI (Centro de Optometría Internacional), celebradas en las instalaciones de la Fundación ONCE, en Madrid.
El estudio, desarrollado como Trabajo de Fin de Máster por Carlos de las Heras y Marina Jiménez, analizó la relación entre los síntomas recogidos mediante el Evaluador Online de la Visión, una herramienta creada por el optometrista Álvaro García, y los resultados obtenidos posteriormente en diferentes pruebas clínicas.
Los investigadores encontraron asociaciones estadísticamente significativas entre determinados síntomas declarados por los pacientes y su rendimiento en pruebas relacionadas con los movimientos oculares, el enfoque visual y la coordinación de ambos ojos.
¿Pueden los síntomas anticipar lo que encontrará el optometrista?
Para responder a esta pregunta, los investigadores estudiaron a 66 pacientes de entre 6 y 68 años, con predominio de niños y adolescentes.
Antes de someterse a una exploración presencial, los participantes completaron un cuestionario digital que recogía información sobre sus antecedentes, hábitos y molestias visuales.
Posteriormente, los profesionales realizaron diferentes pruebas para evaluar aspectos como la capacidad de enfoque, la coordinación entre ambos ojos, los movimientos oculares y otras funciones visuales.
El objetivo era comprobar si los pacientes que habían declarado determinados síntomas obtenían peores resultados en las pruebas correspondientes.
Y en algunas áreas, los resultados mostraron diferencias significativas.
Una de las asociaciones más destacadas apareció en las pruebas relacionadas con los movimientos oculares, especialmente importantes en actividades como la lectura.
“Sí que hay una asociación más clara entre los síntomas y los hallazgos clínicos en este bloque”, explicó Marina Jiménez durante la presentación de los resultados.
También se encontraron asociaciones estadísticamente significativas entre los síntomas recogidos y determinadas pruebas que evalúan la capacidad para cambiar el enfoque y recuperar la coordinación entre ambos ojos.
Además, el 81,8% de los participantes manifestó al menos una molestia visual. Entre las más frecuentes aparecieron la visión borrosa de lejos, el frotamiento ocular y la pérdida del lugar durante la lectura.
Este porcentaje corresponde exclusivamente a los pacientes estudiados y no puede extrapolarse a la población general.
Una herramienta para ayudar al optometrista, no para sustituirlo
El Evaluador Online de la Visión fue desarrollado por Álvaro García, optometrista y creador de la plataforma de formación Ver Para Crecer, con el propósito de organizar la información que los pacientes proporcionan antes de una consulta.
Su funcionamiento se basa en un sistema de preguntas que adapta el recorrido según las respuestas anteriores y genera un informe estructurado para el profesional.
De esta manera, el óptico-optometrista puede conocer de antemano los síntomas, antecedentes y posibles áreas visuales que requieren mayor atención.
Durante la presentación, Carlos de las Heras destacó una de las ventajas prácticas que ofrece este procedimiento: “No nos vamos a dejar ninguna pregunta, nos va a ayudar a organizarnos mejor”.
Esto podría facilitar la preparación de las consultas, reducir el riesgo de pasar por alto determinadas preguntas y ayudar a organizar las exploraciones clínicas.
Para los pacientes, la posibilidad de completar el cuestionario desde casa favorece a que recuerden molestias que quizá no mencionarían espontáneamente durante la visita.
“Con el paso de los años y la experiencia fui siendo consciente de lo relacionados que estaban ciertos síntomas con lo que obtenía luego en mi evaluación optométrica, y con las formaciones, me di cuenta que la mayoría de mis alumnos optometristas no realizaban las preguntas más importantes en una historia clínica optométrica. Entonces pensé en desarrollar una herramienta que se lo pusiera fácil a ellos y fácil al paciente para hacerlos conscientes de sus síntomas, más allá del ver nítido o borroso” – Álvaro García, creador de la herramienta de Evaluación visual optométrica.
Sin embargo, los investigadores también encontraron personas que necesitaban corrección óptica pese a no haber declarado síntomas. Un hallazgo que recuerda que no todas las alteraciones visuales producen molestias evidentes.
La tecnología abre nuevas posibilidades para la atención visual optométrica
Aunque los resultados son prometedores para continuar investigando, el estudio presenta limitaciones, entre ellas el número reducido de participantes en determinadas pruebas y la necesidad de desarrollar nuevas investigaciones que confirmen los hallazgos.
Los resultados no demuestran que la herramienta pueda diagnosticar problemas visuales por sí sola ni que reduzca el tiempo de consulta.
Además recalcan que la herramienta no sustituye al profesional.
De ahí la principal conclusión que resume el trabajo: el síntoma orienta, el evaluador guía y la exploración clínica confirma.
Su utilidad reside en complementar el trabajo del profesional mediante una recogida más estructurada de información, manteniendo la exploración presencial como parte imprescindible del proceso.
Una conclusión que refleja el propósito de esta línea de investigación: aprovechar las posibilidades de las herramientas digitales para ayudar a los profesionales a comprender mejor lo que les cuentan sus pacientes, sin sustituir el criterio clínico.


